¿Qué es la tintura de marihuana y cómo se produce?
- Bob Marley

- 5 oct 2022
- 12 Min. de lectura
Tinturas de cannabis: del boticario victoriano a la extracción moderna con CO2 supercrítico
Las tinturas de cannabis ocupan un lugar singular en la historia de la farmacología occidental. Fueron uno de los primeros extractos vegetales estandarizados que la ciencia moderna intentó clasificar, dosificar y comprender , mucho antes de que se aislara un solo cannabinoide en un laboratorio.
Pero su historia no empieza en un laboratorio. Empieza en las rutas comerciales del siglo XIX, en los maletines de médicos del imperio británico, en las páginas de farmacopeas que hoy reposan en archivos polvorientos. Las tinturas de cannabis son un capítulo olvidado de la historia de la química y la medicina que merece ser recuperado ; no como guía de uso, sino como relato científico y cultural.
Para quienes se interesan por el mundo del cáñamo CBD y sus derivados, entender cómo se llegó desde aquellas primeras tinturas victorianas hasta los métodos de extracción actuales ofrece una perspectiva fundamental sobre la evolución del sector.
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Este artículo recorre esa evolución: desde los orígenes en la India colonial hasta la extracción con CO2 supercrítico, pasando por la prohibición que borró las tinturas de las farmacias durante casi un siglo. Sin instrucciones de preparación, sin dosificaciones, sin recetas. Solo historia, química y contexto.
Los orígenes coloniales: William Brooke O’Shaughnessy y la introducción del cannabis en la medicina europea
La historia de las tinturas de cannabis en Occidente tiene un nombre propio: William Brooke O’Shaughnessy, un médico irlandés destinado en la India colonial británica. En 1839, O’Shaughnessy publicó un extenso informe sobre los usos tradicionales del cannabis que había observado entre la población local , y sobre sus propios experimentos con extractos de la planta.
O’Shaughnessy no descubrió el cannabis; lo que hizo fue traducirlo al lenguaje de la medicina europea. Documentó preparaciones que los médicos ayurvédicos utilizaban desde hacía siglos, las probó en un contexto clínico rudimentario y las presentó a la comunidad científica británica con un rigor metodológico inusual para su época.
¿Qué eran exactamente estas preparaciones? Macerados alcohólicos de flores y resina de cannabis ; es decir, tinturas en el sentido farmacéutico clásico del término. El alcohol actuaba como disolvente, extrayendo los compuestos activos de la planta y creando un líquido concentrado que podía almacenarse, transportarse y estandarizarse con relativa facilidad.
El informe de O’Shaughnessy generó un interés inmediato en Europa. En cuestión de décadas, las tinturas de cannabis pasaron de ser una curiosidad colonial a ocupar un lugar en las farmacopeas oficiales de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Estados Unidos.
Un dato que ilustra la velocidad de esa adopción: en 1851, apenas doce años después de la publicación de O’Shaughnessy,el cannabis ya figuraba en la Farmacopea de los Estados Unidos (USP). Permanecería allí durante casi un siglo, hasta 1942.
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La era dorada de las tinturas: el cannabis en la botica del siglo XIX
Entre 1850 y 1930, las tinturas de cannabis fueron un producto estándar en las farmacias de Europa y Norteamérica. Se vendían en frascos de vidrio oscuro, etiquetados como “Tinctura Cannabis Indicae” o simplemente “Extract of Indian Hemp”, y formaban parte del arsenal habitual de los farmacéuticos.
Empresas farmacéuticas como Eli Lilly, Parke-Davis y Squibb comercializaban tinturas de cannabis de forma abierta. Parke-Davis, en particular, llegó a ofrecer múltiples formulaciones: tinturas simples, tinturas compuestas (mezcladas con otros extractos vegetales) y extractos fluidos de diferente concentración.
El problema fundamental de aquellas tinturas era la inconsistencia. Cada lote variaba en potencia dependiendo de la materia prima: la variedad de la planta, su origen geográfico, las condiciones de cultivo, la parte utilizada (flores, hojas, resina) y el método de extracción. No existían técnicas analíticas para medir la concentración de cannabinoides , porque ni siquiera se sabía qué eran los cannabinoides.
Los farmacéuticos de la época intentaban estandarizar las tinturas mediante pruebas rudimentarias: observar el color, medir la densidad, realizar pruebas organolépticas (olor, sabor). Algunos laboratorios más avanzados experimentaban con ensayos biológicos en animales para evaluar la potencia relativa de diferentes lotes. Pero ninguno de estos métodos ofrecía la precisión que la medicina moderna exigiría posteriormente.
La variabilidad era el talón de Aquiles de las tinturas de cannabis del siglo XIX. Y fue, paradójicamente, uno de los argumentos que se utilizaron para justificar su eliminación de las farmacopeas en el siglo XX.
Una curiosidad que pocos conocen: la reina Victoria de Inglaterra tenía un médico personal, Sir J. Russell Reynolds, que en 1890 publicó un artículo en The Lancet donde describía el cannabis como “uno de los medicamentos más valiosos que poseemos”. Reynolds había utilizado tinturas de cannabis durante más de treinta años en su práctica clínica. El artículo se publicó cuando la reina tenía 71 años , lo que ha alimentado durante más de un siglo la especulación (nunca confirmada documentalmente) sobre si la propia monarca utilizó preparaciones de cannabis.

La química de la extracción: disolventes, polaridad y solubilidad de los cannabinoides
Para entender las tinturas de cannabis, tanto las históricas como las modernas,es necesario entender los principios químicos de la extracción.
Los cannabinoides son moléculas lipofílicas: tienen afinidad por los lípidos (grasas) y son poco solubles en agua. Esto explica por qué el agua pura no sirve para extraer cannabinoides de forma eficiente, y por qué los disolventes tradicionales para las tinturas de cannabis han sido siempre orgánicos: alcohol etílico (etanol), aceites vegetales o, en épocas más recientes, hidrocarburos y gases comprimidos.
El principio fundamental es sencillo: “lo semejante disuelve a lo semejante” (similia similibus solvuntur). Las moléculas polares disuelven sustancias polares; las moléculas apolares disuelven sustancias apolares. Los cannabinoides, al ser predominantemente apolares, se disuelven mejor en disolventes apolares o de baja polaridad.
El etanol ocupa una posición intermedia en la escala de polaridad, lo que lo convierte en un disolvente versátil para la extracción de cannabis: es capaz de extraer tanto cannabinoides como terpenos, flavonoides, clorofila y otros compuestos. Esta versatilidad tiene un inconveniente: las tinturas etanólicas tienden a ser extractos de “espectro amplio” que contienen no solo los compuestos deseados, sino también clorofila (que aporta color verde y sabor amargo) y ceras vegetales.
Los diferentes disolventes producen perfiles de extracción distintos:
Etanol (alcohol etílico): el disolvente clásico. Extrae cannabinoides, terpenos, flavonoides, clorofila y ceras. Resultado: extracto de amplio espectro, color verde oscuro.
Butano/propano (hidrocarburos): disolventes muy apolares que extraen selectivamente cannabinoides y terpenos, dejando atrás la mayor parte de clorofila y ceras. Resultado: extractos más puros pero que requieren una purga completa del disolvente residual.
Aceites vegetales: extracción lenta por maceración prolongada. Baja eficiencia pero sin residuos de disolventes. Resultado: concentraciones bajas de cannabinoides.
CO2 supercrítico: el método más avanzado (detallado más adelante). Permite ajustar la selectividad mediante presión y temperatura.
Cada método tiene implicaciones para la pureza, la seguridad y el perfil químico del extracto final. La elección del disolvente no es un detalle técnico menor , define fundamentalmente qué compuestos contiene el producto resultante.
La prohibición y el eclipse de las tinturas: de la farmacopea al olvido
¿Cómo pasaron las tinturas de cannabis de ser un producto farmacéutico estándar a desaparecer completamente? La respuesta implica política, geopolítica y la confluencia de varios factores que, vistos retrospectivamente, tuvieron poco que ver con la ciencia.
En Estados Unidos, la Marihuana Tax Act de 1937 impuso un régimen fiscal tan oneroso sobre el cannabis que su uso, incluido el farmacéutico,se volvió impracticable. La ley no prohibía el cannabis de forma explícita, pero lo gravaba con impuestos, exigía registros detallados y amenazaba con penas severas por incumplimiento. El efecto fue inmediato: las empresas farmacéuticas dejaron de producir tinturas porque el coste regulatorio superaba cualquier beneficio comercial.
En 1942, el cannabis fue eliminado definitivamente de la Farmacopea de los Estados Unidos. Y en 1970, la Controlled Substances Act lo clasificó como sustancia de la Lista I , la categoría más restrictiva, reservada para sustancias consideradas sin uso médico reconocido y con alto potencial de abuso.
A nivel internacional, la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961 (promovida por la ONU) estableció el marco global de prohibición del cannabis que, con variaciones locales, se mantiene vigente en buena parte del mundo. Bajo este régimen, las tinturas de cannabis no podían fabricarse, distribuirse ni investigarse sin autorizaciones excepcionales.
El resultado fue un vacío de casi un siglo. Entre 1940 y la década de 2010, las tinturas de cannabis prácticamente dejaron de existir como categoría de producto , tanto en la investigación como en el comercio. Los conocimientos sobre extracción, formulación y estandarización acumulados durante el siglo XIX se perdieron en gran medida.
Es importante notar que este eclipse no fue exclusivo del cannabis. Muchos extractos vegetales que las farmacias del siglo XIX consideraban estándar fueron sustituidos progresivamente por fármacos de síntesis a medida que la industria farmacéutica moderna se consolidaba. Pero en el caso del cannabis, la prohibición aceleró y completó una desaparición que, para otros extractos vegetales, fue gradual y parcial.
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El aislamiento de los cannabinoides: de la tintura al compuesto puro
Si las tinturas del siglo XIX eran extractos crudos de composición variable, la ciencia del siglo XX se propuso identificar exactamente qué contenían.
El primer cannabinoide aislado fue el cannabinol (CBN), identificado por Robert S. Cahn en 1940. Poco después, en 1942, Roger Adams aisló el cannabidiol (CBD). Pero el descubrimiento más significativo llegó en 1964, cuando Raphael Mechoulam y Yechiel Gaoni, en la Universidad Hebrea de Jerusalén, aislaron y determinaron la estructura química del delta-9-tetrahidrocannabinol (THC).
Mechoulam no se detuvo ahí. En las décadas siguientes, su equipo identificó el sistema endocannabinoide , el sistema de receptores y ligandos endógenos con el que interactúan los cannabinoides de la planta. Descubrieron la anandamida (1992) y el 2-araquidonilglicerol (2-AG), los dos principales endocannabinoides producidos por el cuerpo humano.
Estos descubrimientos transformaron la comprensión de los extractos de cannabis. Lo que antes era una mezcla oscura de composición desconocida pasó a ser un conjunto de moléculas identificables, cuantificables y estudiables individualmente. La diferencia entre una tintura victoriana y un extracto moderno de CBD no es solo tecnológica ; es epistemológica: hoy se sabe qué contiene y se puede medir.
A fecha de 2025, se han identificado más de 140 cannabinoides diferentes en la planta de cannabis, junto con cientos de terpenos y flavonoides. Cada uno con una estructura molecular distinta y, potencialmente, con interacciones biológicas específicas. La complejidad química de la planta es, literalmente, de un orden de magnitud superior a lo que los boticarios victorianos podían imaginar.
Extracción con CO2 supercrítico: la revolución tecnológica del siglo XXI
Si existe un método de extracción que simboliza la distancia entre las tinturas del siglo XIX y la industria actual, es la extracción con CO2 supercrítico.
¿Qué es un fluido supercrítico? Es una sustancia que se encuentra en condiciones de presión y temperatura por encima de su punto crítico , un estado en el que no es ni líquido ni gas, sino una fase intermedia con propiedades de ambos. El dióxido de carbono (CO2) alcanza su estado supercrítico a 31,1 °C y 73,8 atmósferas (7,38 MPa). En estas condiciones, el CO2 adquiere una densidad similar a la de un líquido pero una viscosidad similar a la de un gas, lo que le permite penetrar el material vegetal con una eficiencia extraordinaria.
La ventaja fundamental del CO2 supercrítico como disolvente de extracción es la selectividad ajustable. Modificando la presión y la temperatura, el operador puede controlar qué compuestos extrae el CO2: a presiones más bajas, extrae preferentemente terpenos y cannabinoides ligeros; a presiones más altas, extrae también compuestos más pesados como ceras y clorofila.
Además, cuando el CO2 regresa a condiciones ambientales (presión y temperatura normales), se evapora completamente sin dejar residuos. El resultado es un extracto libre de disolventes residuales , una ventaja significativa frente a los métodos que utilizan butano, propano o etanol, donde la eliminación completa del disolvente requiere procesos adicionales de purga.
El equipo industrial para extracción con CO2 supercrítico es costoso, un sistema completo puede superar los 100.000 euros. Pero los costes operativos son relativamente bajos (el CO2 es barato y reciclable), y la calidad del extracto resultante justifica la inversión para operaciones a escala industrial.

Métodos de extracción modernos: un panorama comparativo
La extracción con CO2 supercrítico no es el único método moderno. La industria del cáñamo utiliza varios enfoques, cada uno con ventajas y limitaciones específicas:
Extracción con etanol: el heredero directo de las tinturas victorianas. El etanol de grado alimentario se utiliza para macerar el material vegetal, y posteriormente se evapora para concentrar el extracto. Es el método más accesible económicamente y produce extractos de amplio espectro. Su principal limitación es la falta de selectividad: extrae todo, incluyendo clorofila y ceras, que luego deben eliminarse mediante procesos adicionales como la “winterización” (precipitación de ceras a baja temperatura).
Extracción con hidrocarburos (butano, propano): produce extractos de alta pureza con excelente retención de terpenos. Ampliamente utilizada en la industria del cannabis en Norteamérica para producir concentrados como “shatter”, “wax” y “live resin”. La preocupación principal es la seguridad: los hidrocarburos son inflamables y explosivos, y la eliminación completa de residuos es crítica.
Extracción con agua y hielo (bubble hash): un método mecánico, no químico, que utiliza agua helada para separar los tricomas (las glándulas de resina de la planta) del material vegetal. No produce tinturas, sino un concentrado sólido. Es el método más antiguo que sigue en uso y no involucra disolventes.
Destilación por arrastre de vapor: utilizada específicamente para extraer aceites esenciales ricos en terpenos. El vapor de agua atraviesa el material vegetal, arrastrando los compuestos volátiles, que se condensan y recogen. No extrae cannabinoides de forma eficiente, pero es el método de referencia para obtener perfiles terpénicos puros.
Una tabla comparativa resume las diferencias:
Método | Disolvente | Selectividad | Residuos | Coste |
Etanol | Alcohol etílico | Baja | Trazas posibles | Bajo |
CO2 supercrítico | Dióxido de carbono | Alta (ajustable) | Ninguno | Alto |
Hidrocarburos | Butano/propano | Media-alta | Requiere purga | Medio |
Agua y hielo | Agua | Mecánica | Ninguno | Bajo |
Arrastre de vapor | Vapor de agua | Solo volátiles | Ninguno | Medio |
La evolución de los métodos de extracción refleja, en miniatura, la evolución de la relación entre la ciencia y el cannabis: de los macerados artesanales del siglo XIX a procesos industriales controlados con precisión de ingeniería.
Del boticario al laboratorio: lo que ha cambiado y lo que permanece
El viaje de las tinturas de cannabis, desde la consulta de O’Shaughnessy en Calcuta hasta los laboratorios de extracción con CO2 supercrítico,abarca casi doscientos años de historia científica, legislativa y comercial.
Lo que ha cambiado es evidente:
Hoy se conocen más de 140 cannabinoides; en el siglo XIX no se conocía ninguno.
Los métodos analíticos modernos permiten cuantificar el contenido exacto de cada compuesto en un extracto.
Las técnicas de extracción ofrecen una selectividad y una reproducibilidad que los boticarios victorianos no podían soñar.
El marco regulatorio ha pasado de la ausencia total de regulación a la prohibición casi total y, más recientemente, a una regulación selectiva que distingue entre THC y CBD, entre cáñamo industrial y cannabis con alto contenido de THC.
Lo que permanece también es notable: la planta sigue siendo la misma. La Cannabis sativa L. que O’Shaughnessy estudió en la India de 1839 es botánicamente la misma especie que se cultiva hoy en las explotaciones de cáñamo CBD europeo. Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para entender, medir y procesar lo que la planta produce.
Los productos de hachís CBD y extractos disponibles en el mercado europeo actual son, en cierto sentido, los descendientes lejanos de aquellas tinturas victorianas; transformados por dos siglos de avance científico y regulatorio.
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Preguntas frecuentes sobre tinturas de cannabis
¿Qué es una tintura de cannabis?
Una tintura de cannabis es un extracto líquido obtenido mediante la maceración de material vegetal de cannabis en un disolvente, tradicionalmente alcohol etílico. Fue un producto farmacéutico estándar en las boticas del siglo XIX y principios del XX.
¿Cuándo se dejaron de fabricar tinturas de cannabis?
Las tinturas de cannabis desaparecieron progresivamente entre los años 1930 y 1940 debido a la regulación restrictiva, empezando por la Marihuana Tax Act de 1937 en EE.UU. y la eliminación del cannabis de la Farmacopea de los Estados Unidos en 1942.
¿Qué es la extracción con CO2 supercrítico?
Es un método de extracción que utiliza dióxido de carbono en estado supercrítico (por encima de 31,1 °C y 73,8 atm) como disolvente. Permite una extracción selectiva y no deja residuos de disolvente en el producto final.
¿Quién fue William Brooke O’Shaughnessy?
Fue un médico irlandés que, trabajando en la India colonial británica en la década de 1830, documentó los usos tradicionales del cannabis y lo introdujo en la medicina occidental mediante sus publicaciones científicas de 1839.
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